Los problemas de equilibrio son comunes entre las personas con EM y se calcula que hasta un 20% los pueden sufrir en alguna ocasión. Las personas que los padecen suelen sentir un desequilibrio, una sensación de mareo o, con menos frecuencia, la sensación de que su entorno está girando a su alrededor, lo que se conoce como vértigo.

Lo primero que conviene distinguir es si nos encontramos ante casos de desequilibrio, que pueden aparecer de forma diferente y tienen causas diversas, y el caso concreto del vértigo, que presenta una serie de especificidades.

Cuando hablamos de vértigo, nos referimos a la sensación concreta de sentir como la propia persona o su alrededor se mueven y giran. Los síntomas del vértigo incluyen:

  • Problemas de equilibrio.
  • Mareos.
  • Náuseas.
  • Vómitos.
  • Sensaciones de movimiento.

Esta palabra, «movimiento», es la que nos ayuda a distinguir con más claridad un posible caso de vértigo ante otras alteraciones del equilibrio.

Hay muchas causas posibles a los problemas de equilibrio, dependiendo del caso concreto ante el que nos encontramos. Las explicaciones pueden pasar por:

  • Un nivel bajo de azúcar en la sangre.
  • La espasticidad.
  • Problemas visuales.
  • Una baja presión arterial.
  • Los afectados están cansados.

Lo primero que hará el neurólogo cuando las personas con EM les expliquen los síntomas será distinguir el caso concreto en el que nos encontramos.

En el caso de vértigo, hay dos causas principales:

  • Vértigo periférico: cuando se debe a problemas en el oído interno. Esta afectación puede darse también en personas que no padecen EM, ya esté sana o sufra otras enfermedades.
  • Vértigo causado por un nuevo brote de la EM: en estos casos encontraremos lesiones que producirán una interrupción en la comunicación neuronal impidiendo una correcta transmisión de información al cerebro.

En función del tipo de vértigo, deberemos consultar con nuestro otorrinolaringólogo, si el problema es del oído interno, o con el neurólogo, si la causa es por el sistema nervioso. Nuestros profesionales sanitarios considerarán cuál es la solución adecuada en cada caso a fin de encontrar el tratamiento correspondiente.

Si nos encontramos ante un vértigo periférico, lo podemos tratar con medicación (en casos de especial repercusión y normalmente en cortos períodos de tiempo). La rehabilitación vestibular, una serie de ejercicios que compensan las alteraciones de la orientación espacial y del equilibrio, también nos puede aliviar los síntomas.

En el caso de un vértigo causado por un brote, el tratamiento consistirá en corticoides endovenosos si fueran necesarios. Se puede combinar también con medicamentos para el vértigo periférico, temporalmente y según los casos.

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