La incontinencia se traduce en un problema en el control de la micción que implica pérdidas involuntarias de orina. No es un síntoma que implique un pronóstico de gravedad, pero sí que afecta de forma significativa la calidad de vida y la autoestima de la persona afectada.

Los hay de dos tipos:

  • Disfunción de almacenamiento: es lo que se conoce como «vejiga hiperactiva» y se manifiesta como la sensación de tener que orinar constantemente, pero en pequeñas cantidades.
  • Disfunción de evacuación: se produce cuando el esfínter, el músculo que cierra la salida de la vejiga, se contrae, provocando que la evacuación sea incompleta y la orina se descargue de forma escasa e intermitente.

Los problemas de vejiga afectan casi el 80% de los diagnosticados con EM y los síntomas más habituales son, entre otros:

  • Frecuencia o urgencia para orinar.
  • Vacilación al comenzar a orinar.
  • Micción nocturna frecuente (nicturia).
  • Incontinencia o incapacidad de mantener la orina.
  • Incapacidad de vaciar por completo la vejiga.

El circuito natural de la orina pasa desde los riñones hasta la vejiga, donde se almacena. Cuando llega hasta una cantidad determinada, los nervios en la vejiga envían la señal hasta el cerebro para vaciarla, haciendo que el músculo de la vejiga (detrusor) se contraiga para empujar la orina y el esfínter se abra para dejarla salir.

En una vejiga afectada por la EM, como en todos sus síntomas, la degradación progresiva de la mielina y de las fibras nerviosas interfiere con el funcionamiento normal del órgano. Las lesiones bloquean o retrasan las señales que los nervios deben enviar a través de la médula espinal, por tanto, el control sobre el detrusor y el esfínter no es el adecuado.

Si bien la incontinencia no se considera un diagnóstico grave, la salud de la vejiga es fundamental en la prevención a largo plazo de las infecciones y el cuidado de la salud renal, así como también para la confianza, autoestima e independencia de los afectados.

Si no se tratan, los problemas de incontinencia pueden afectar la calidad de vida y el desarrollo de la esclerosis múltiple. Otros síntomas de la EM, como la debilidad o la espasticidad, se pueden agravar, el dolor se puede incrementar y la persona afectada puede sufrir una pérdida de autoestima, confianza e independencia en actividades sociales.

Mantener a raya los síntomas de una vejiga afectada puede contribuir a una mejora en la calidad de vida de los diagnosticados con esclerosis múltiple.

Una evaluación temprana es fundamental a la hora de determinar la causa y el tratamiento adecuado. Si no se tratan, los problemas urinarios pueden conducir a infecciones sanguíneas y problemas en la piel, dos factores que pueden alterar la esperanza de vida en las personas con EM.

Para tratar la incontinencia, es fundamental acudir a nuestro médico para realizar un examen exhaustivo de la vejiga. Con el consejo médico, algunas recomendaciones pueden incluir:

  • Ciertos cambios de estilo de vida pueden ayudar a un mejor control de la micción, incluyendo cambios en la dieta, ingestión adecuada de líquidos hasta unas horas antes de dormir, vaciamientos de la vejiga planeados…
  • Los tratamientos farmacológicos pueden ser útiles en ciertos casos, como en el de la «vejiga hiperactiva» o los problemas asociados a la espasticidad.
  • La cateterización intermitente, que es una técnica de rehabilitación que se utiliza para entrenar la vejiga mediante un tubo introducido en la uretra para dejar salir la orina.

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