El diagnóstico y la gestión de la esclerosis múltiple puede ser una fuente de estrés para muchos de los afectados, ya que se genera una importante sensación de falta de control. El estrés se da cuando la persona considera que se encuentra en una situación en la que no cuenta con los recursos suficientes o no se ve capacitada para afrontarla, lo que puede resultar perjudicial para su bienestar personal.

Afrontar el estrés no pasa por evitarlo, al contrario; se trata de encontrar herramientas adecuadas para gestionar las situaciones de estrés y afrontarlas para reducir su impacto en la vida diaria de las personas.

Existen diferentes fuentes de estrés ligadas a los síntomas más frecuentes de la EM, como podrían ser:

  • La fatiga.
  • El insomnio.
  • Picos de trabajo.
  • Exigencias de otras personas.
  • Incertidumbre ante la aparición de nuevos brotes de la enfermedad.

Aunque no se ha encontrado relación entre las situaciones de estrés como causa de nuevos brotes de EM, los afectados pueden creer que el hecho de estar sufriendo estrés puede ser el origen de un nuevo brote, lo que puede agravar el estrés inicial.

Este estrés se crea con el fin de proteger el cuerpo de un sobre estímulo, manteniendo a la persona en un estado de alerta constante. Esto se debe principalmente a la segregación de hormonas como el cortisol y derivados, que están presentes también en muchas ocasiones en el tratamiento de brotes de EM.

Por lo tanto, si bien el estrés no parece estar relacionado con las causas de la esclerosis múltiple, su disminución sí podría estar relacionada con el tratamiento, cuando los niveles de hormonas como el cortisol se reducen en el cuerpo.

Muchos de los afectados por la EM padecen estrés derivado de las exigencias de otras personas que, ante los síntomas invisibles de la enfermedad, demandan por encima de lo que la persona puede ofrecer en ese momento. En estas situaciones, podemos contribuir a informar sobre la enfermedad y hacer partícipes a las personas que nos rodean de cómo es vivir con EM.

Es importante practicar la asertividad: debemos saber decir «no» cuando la situación nos supera sin sentirnos culpables. Nosotros mismos sabemos mejor que nadie cuando parar.

Debemos tener en cuenta que muchos familiares y personas cercanas tienden a evitar temas importantes para no generar estrés en el afectado por la enfermedad, pero esta táctica puede tener el efecto contrario y producir aún más estrés. Siempre tenemos que afrontar estos problemas, sin miedo, para poder resolverlos.

Cualquier técnica de relajación puede ser útil para prevenir y gestionar el estrés, como podrían ser el yoga, la meditación o los ejercicios respiratorios. Para realizarlos, se recomienda disponer de un lugar con temperatura agradable y sin mucho ruido, buscar una postura cómoda y tratar de vaciar la mente de pensamientos innecesarios que nos puedan generar estrés.

Si la fatiga y el insomnio se encuentran entre las causas de estos síntomas, los cambios conductuales pueden resultar útiles. Un cambio de estilo de vida puede contribuir en una mejora sustancial de la fatiga y la calidad del sueño, ayudando indirectamente en la gestión del estrés. Las recomendaciones pasan por mejorar la dieta y mantener una alimentación saludable, realizar ejercicio físico rutinario adecuado a nuestra situación o planificar nuestro

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