La depresión es uno de los síntomas más comunes entre los afectados por la esclerosis múltiple. El término «depresión» habitualmente engloba una serie de condiciones que pueden ir desde un síntoma de un trastorno de adaptación a una depresión clínica.

La principal diferencia entre momentos de duelo y tristeza puntuales respecto a la depresión clínica es que ésta persiste en el tiempo, con síntomas que duran más de dos semanas. La depresión es una condición médica seria que debe ser diagnosticada por un profesional de la salud mental y que afecta gravemente la calidad de vida de los que la padecen.

Las causas específicas de la depresión clínica son, hoy por hoy, desconocidas, pero una serie de factores parecen contribuir en su prevalencia entre las personas con EM:

  • Reacción en momentos difíciles o situaciones de estrés, habituales entre las personas que conviven con una enfermedad crónica.
  • Momentos clave de transición: recibir el diagnóstico, sufrir un brote de EM o experimentar un cambio significativo en nuestras funciones pueden desencadenar o contribuir a una depresión.
  • Efecto de la propia EM: los daños neurológicos que provoca la esclerosis múltiple pueden provocar ciertos cambios de comportamiento.
  • Ciertos cambios asociados con la EM en el sistema inmunitario o neuroendocrino pueden provocar cambios en el estado de ánimo.
  • Efectos secundarios de algunas medicaciones, como los tratamientos con corticoides.

Cualquier persona con EM puede sufrir depresión en algún momento de su vida. La enfermedad varía mucho entre una persona y otra, variando desde un sentimiento de cansancio y tristeza a una sensación de nerviosismo o cierta euforia. Algunas preguntas que nos podemos hacer para tratar de identificar una posible depresión son:

  • ¿Te has sentido abatido, deprimido o desanimado?
  • ¿Has perdido interés en actividades o lo pierdes rápidamente?
  • ¿No sientes placer al hacer cosas que te gusta hacer?
  • ¿Te cuesta dormir por la noche o duermes más de lo habitual?
  • ¿Sueles tener pensamientos negativos?
  • ¿Estás cansado sin realizar esfuerzo físico?

Si encontramos que la respuesta a la mayoría de estas preguntas es «sí», es importante que pidamos ayuda y nos pongamos en manos de un especialista.

La salud mental es una parte fundamental de nuestra salud general y, si no la tratamos correctamente, nuestra calidad de vida se reduce y otros síntomas de la EM pueden verse agravados.

Sufrir depresión no implica que la persona afectada sea débil o que no se esté esforzando suficiente: es una enfermedad, y por tanto no podemos controlarla únicamente con fuerza de voluntad. El primer paso para tratar la depresión es no esconderla y hablar de ella con el fin de pedir ayuda.

 

Cuando detectamos los síntomas de la depresión, debemos comunicárselos a nuestro médico para buscar un tratamiento. Si bien apoyarnos en familia y amigos nos puede ayudar en una depresión moderada, la psicoterapia y/o la medicación suele ser necesaria para casos más graves o para prevenir el empeoramiento de los síntomas.

La respuesta a los medicamentos puede ser muy variada y puede ser necesario probar diferentes combinaciones de medicación.

Para ayudarnos a superar el día a día y mitigar los efectos de la depresión, algunas estrategias a seguir son:

  • Practicar ejercicio diario.
  • Reducir los focos de estrés y probar técnicas de relajación.
  • Socializar y tratar de mantener el contacto con nuestro círculo de confianza.
  • Tener un contacto continuo con nuestro equipo médico.
  • Reconocer los propios sentimientos, escribirlos en una lista o hacer un diario de nuestros pensamientos.
  • Evitar sustancias adictivas como el tabaco o el alcohol.

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