Cada sábado por la mañana, y un día entre semana si le es posible, Alba Costas Lorenzo sale en bici adaptada con sus compañeros de Discamino. Acompaña a personas con diversidad funcional para hacer ejercicio físico y prepararse para sus futuras expediciones. El año pasado, la joven nigranesa conoció de cerca este proyecto integrador que nació para lograr que cualquier persona con discapacidad pueda disfrutar de todo lo que la peregrinación a Santiago ofrece a cualquier otro caminante, pero que también es el día a día de muchas personas que tienen necesidad de que alguien les ayude o acompañe en su preparación física. Con o sin Compostela como objetivo.

Cuando el impulsor de esta iniciativa, el policía local Javier Pitillas, fue a dar una charla al colegio de Tui donde entonces ella trabajaba, se le abrió otro mundo. «Nos contagiaron muchas emociones y de ahí surgió mi participación», cuenta.

Además, Alba, que está a punto de cumplir 32 años, padece esclerosis múltiple y cree que su circunstancia personal también contribuyó a que le tocaran más de cerca problemas que no le son ajenos. La enfermedad le fue diagnosticada a los 17 años y aunque ha evolucionado bien, sin complicaciones, lo valora de otra manera. «Tenía la opción de hundirme o salir adelante. Soy una afortunada, porque he tenido tres brotes pero apenas tengo secuelas. Algunas lesiones cerebrales he tenido y van a estar siempre conmigo, pero ninguna grave», revela. Ella es consciente de su suerte, pero sabe que podría estar en otro lugar. «También puedo ser yo quien esté ahí, y pensé en emplear un poco de mi tiempo. Si se quiere, se puede y al no tener cargas familiares como es mi caso, más. No hay excusas», opina.

No se lo pensó dos veces y aunque nunca antes había hecho deporte en bicicleta (su único antecedente es un familiar que practicó ciclismo), se sumó al equipo de voluntarios y desde hace casi un año pedalea por Vigo con el grupo, desde el barrio de Navia del que salen, hasta los alrededores de Coia en una bici adaptada que es como un triciclo con dos asientos. Ella se ocupa de los mandos, frenos, dirección y cambios, y el copiloto va delante. Aunque lleva a chicos y chicas de cualquier edad, cuenta que suele acompañar a Carmen, una mujer usuaria de la Fundación IgualArte con la que comparte ejercicio y «risas aseguradas». Pitillas, fundador de Discamino, añade que todo empezó «porque Alba necesitaba un copiloto fuerte y Carmen lo es. Hoy en día podría pilotar casi a cualquiera, pero juntas forman un gran tándem y por eso suelen formarlo cuando van las dos a entrenar». El grupo sale a ello todos los martes, miércoles, jueves y sábados y según explica Alba, «hay tal demanda de personas con discapacidad que quieren salir en bici que estamos haciendo turnos de una hora con cada uno, por eso buscamos gente hasta debajo de las piedras que quiera salir con nosotros y que así ellos puedan optar a salir más días y más horas en bici».

La joven, que hizo la carrera de Magisterio y actualmente es maestra de infantil en el CEIP de Mallón de Nigrán, añade que «si salen con nosotros y se apuntan como pilotos genial. Y si no, con que vengan a Discamino y nos conozcan y compartan cinco minutos, con un poco de curiosidad es suficiente», asegura.

A ella le sobra y parte de su tiempo también se lo lleva la música. El año pasado, también en el cole de Tui donde estaba trabajando, junto a Diego Ricón, guitarrista y compañero de infantil, surgió el germen del grupo Braava Band, del que ella es la vocalista. «Después fichamos a Bruno Bonamis, el teclista, que es profesor en el conservatorio». El grupo que ha comenzado haciendo versiones acústicas de temas muy conocidos, como Eye of the tiger o Roxanne, se formó en junio de este año y su intención, además de divertirse, es «hacer algunos bolos, cosas pequeñas para pasarlo bien», reconoce.

A la polifacética profe lo que de verdad le interesa mucho es concienciar a los niños de que «hay gente que nos necesita y que necesitamos de esa gente. Hay que enseñarles que forman parte de esta sociedad y que tenemos que conservar unos valores, como el altruismo o la cooperación, que se están perdiendo», argumenta.

DisCamino tiene como fin poner los medios para que los que no pueden hacerlo por sí solos, consigan alcanzar sus sueños. Lo hacen a través del senderismo y ciclismo adaptados «porque entendemos que el deporte es fuente de felicidad: encontrarse mejor, vencer obstáculos, conseguir retos… pero también es relación interpersonal, pertenencia a un grupo, compartir emociones y lucha, perseguir objetivos en compañía», resume Pitillas.

Todo eso está orientado a vivir una aventura que puede terminar en Santiago o en otro sitio, aunque la mayor parte de las veces es en Compostela «porque hacer el Camino es la aventura por excelencia para muchos». Pero en más de una ocasión es simplemente ser capaz de pedalear en un triciclo por primera vez en la vida, a veces con 8 años, a veces con 40 y alguna vez también con 63 y con 75 años. Con ellos pedalean y caminan personas de todas partes, estén o no en un centro, ya sea Apamp, Alento, Igualarte, Cogami, Aspavi, Aspanaex, Saladino Cortizo, entre muchos otros.

Tomado de www.lavozdegalicia.es/

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